LOS COLORES DEL DESIERTO

Cuan extraña puede ser la vida, terminas una etapa, inicias una aventura que cada día parece tomar más forma. todo va justo como lo esperabas. Pero en un momento recibes un mensaje y parece que todo se viene abajo, las cosas con una persona que ha sacrificado su vida entera a ti acaba de encontrarse con uno de los golpes más fuertes de su vida y tú no estás ahí, estás en medio del desierto, de la nada, literalmente. A pesar de ello sabes que estás con ella aunque el minuto por celular salga muy caro y como ella misma siempre lo dice las cosas pasan por algo, aún así en ese momento lo que más quieres es un abrazo de su parte o de alguien a quien conozcas, en cambio recibes palabras de aliento de un desconocido, tu guía de turistas. En fin, después de este pequeño desahogo sentimental es momento de continuar con el relato de este viaje que a cada momento se vuelve más intenso y sorpresivo.

La última ocasión en la que destiné tiempo a esta maraña de vivencias me encontraba en el Gran Hotel Bolivar de Lima, con mi pisco sour, ¿recuerdan?. Después de tres piscos las piernas no reaccionan de la misma manera, pero había llegado el tiempo de salir del centro de Lima, pues empezaba a obscurecer y como los mismos lugareños lo indican no es de sabio quedarse ahí a esas horas, así que me dirigí al barrio burgués de Miraflores, en donde se encontraba mi hostal.

Por la cantidad de 1.5 soles abordé un colectivo que me llevó directamente al Centro Comercial Larcomar. La vista desde este lugar es preciosa, pues da a un acantilado en el Océano Pacífico, fuera de ello es un centro comercial como cualquier otro. En este sitio se encuentra un teatro en el cual se estaba presentando la obra "El Tío Vania", del escritor ruso Chejov. Entré dudoso se si los 20 soles que había invertido serían bien recompensados y al salir de la función me di cuenta que fue la mejor decisión haber entrado, pues el argumento de la obra deja pensando a cualquier espectador pues toca fibras muy sensibles del comportamiento humano.
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Saliendo de mi degustación teatral fui caminando hasta la calle de la Pizza, en el centro de Miraflores, éste es un lugar atestado de bares, antros y restaurantes, como podrán imaginar no podía dejar de ir. Ahí cené una pizza preparada a la leña y luego fui a una discoteca por unos traguillos, en donde pude intercambiar experiencias de viaje con gringos, colombianos y europeos mientras esperaba la salida de mi camión que me traería hasta Paracas.

Paracas es un pueblo pequeño pero con dos grandes atractivos naturales: las Islas Ballestas y la Reserva Natural del Desierto. A las 8:00 de la mañana partía mi tour a las Ballestas, pero tres horas después el puerto cerró por completo las salidas gracias a la densa neblina que había en ese momento, aquellas nubes de las cuales me sentía tan emocionado en mi llegada a Lima.

De cualquier forma valió la pena la espera, pues pude conocer la Reserva Natural de Paracas, un desierto inmenso y totalmente erosionado junto al océano. A pesar de ser una de las regiones más áridas del mundo, pues sólo cae un promedio de 1.5 milímetros de lluvia al año, tiene un colorido sin igual. A manera de ejemplo esta Playa Roja en donde se combina el azul turquesa del mar, el amarillo del desierto y el rojo de la arena en la playa. La reserva también cuenta con una variedad bastante grande de aves que van desde los zopilotes hasta los flamingos, pasando por las gaviotas y los pelicanos.

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Después de este interesante recorrido regresé a mi hotel en donde espero descansar para mañana, si la neblina lo permite, poder ver la fauna marina característica de las Ballestas para después ir a Huacachina. Esperando sólo que estas inconsistencias que ha sufrido mi viaje se conviertan en coincidencias.

1 comentario:

El Andariego dijo...

ahí vas Baca, ahi vas, y eso que tu viaje solo comienza!!!