

Se hace una última escala en el pueblo de Aguas Calientes, un pequeño lugar dedicado casi totalmente al turismo, las fachadas son del mismo estilo que las de Cuzco, pero quizá el atractivo principal son las vías por las que el tren pasa en medio del pueblo. Pude ahí contrastar la pobreza extrema en la que viven muchos de los hidrocálidos y las grandes compañías turísticas que abundan en el lugar.

Después de unos 15 minutos más, en un viaje en bus, llegué a la entrada de la majestuosa ciudad, créanme las fotos no hablan en nada lo que se puede admirar y sentir al estar ahí. Las caminatas subiendo y bajando el cerro no son muy sencillas, pero al final es tan grande el sentimiento de querer comerse todo lo que se puede ver ahí que el cuerpo puede dar un esfuerzo nunca antes pensado. De cualquier forma es conveniente seguir el recorrido con un guía pues ellos conocen las rutas y formas de seguirlas menos cansadas. En el complejo arqueológico uno puede observar desde el Templo del Cóndor - ave venerada por los Incas -, la casa del vigilante – desde donde se tiene una vista panorámica del lugar – y un grupo de llamas, albacas y vicuñas.


Terminando el recorrido, mientras bajabamos en el bus, conocí a un venezolano y cuatro peruanos que estaban haciendo el mismo recorrido. Al observar que mi situación anímica no era del todo la concordante con las maravillas que estabamos conociendo me invitaron una cerveza en lo que esperabamos a que saliera el tren de regreso. Entramos en una terraza en obra negra de una tienda de abarrotes y nos vevimos unas cuantas caguamas, los peruanos la pidieron combinada con coca cola, lo que me llamó la atención. Ese día era el día del padre, y los quechuas acostumbran tirar confeti a los papás para celebrarlos, pero aunque no soy papá, a mi también me tocó.

A pesar de que todo el paquete turístico consistió en la cuarta parte del presupuesto que tenía destinado para el Perú, pues en total se gastan 150 dólares, no cabe duda que es algo que jamás me hubiera perdido pues aún sigo impactado de cómo las sociedades antiguas pudieron crear maravillas como ésta. Ya en la noche sólo llegué a Cuzco para tomar algunas pocas fotografías e ir al hostal para dormir y preparar las cosas para mi retorno.

Hoy, con los brazos cruzados y un nudo en la garganta, digo adiós a esta aventura andina, se que no se puede saber si algún día volverán a pisar tus píes el camino que ya has recorrido, pero estoy seguro que en mi mente y corazón está vivencia volverá a lo largo de una vida que aún queda por recorrer. Siempre pensando en el futuro y en haber tomado la mejor decisión partiré a México, para no detener la aventura más grande, la vida. Espero volver a verlos viajar conmigo, recuerden que los he elegido como mis acompañantes.
3 comentarios:
Baca, que lástiam que tu viaje se cortó, pero por algo pasan las cosas. Pero ya verás que volverás, porque siempre hay un regreso. jeje. Si no preguntale a Stallone que hizo la nueva de Rocky caray, jaja.
excelente trama, me quede prendida de las historias, aunque no estes de viaje, sigue escribiendo!
un beso y un abrazo muy grande a ti y tu familia!
super curado el paisaje}
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